Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.
Lucia llegó al hospital una hora después de la llamada de Duke. Había dejado prácticamente de lado su trabajo para ir a ver a su ex marido, de hecho, no se atrevió a volver a verle desde que ocurrió el incidente.
Todavía recordaba la cara de Duke cuando la echó del hospital aquella vez. No le respondió ni le devolvió ninguna de las llamadas con las que ella pretendía disculparse, y al cabo de un tiempo dejó de hacerlas. De hecho, acabó desarrollando rechazo a los médicos y los hospitales, sintiendo culpa por lo que hizo… dos veces.
Cuando recibió la llamada se alegró, pero a la vez la invadió una ola de vergüenza. Esperaba que ese día nunca llegase, era consciente de que no sabría que decirle… Ni sería capaz de mirarle a la cara si se enterase de la verdad.
El ascensor se abrió, y más o menos a la mitad del pasillo podía ver a Vargas esperándola, cerca de la puerta de Javier. Cuando llegó a donde estaba él, ni siquiera le saludó. Estaba claro que no quería una conversación, él le dejó claro que sólo la llamó porque Javier se lo pidió, nada más. Dudaba mucho que volviera a verla como una amiga alguna vez.
—¿Desde cuando está consciente?
Vargas la miró sin demasiada familiaridad, confirmando que sólo la hablaba como médico, no como amigo.
—Hace unas horas. Dio un buen susto a una limpiadora. Cuando despertó estaba muy nervioso, tuvimos que sedarle. Pero aun así al rato de irnos Javier se levantó. Las enfermeras tuvieron que volver para llevarle de nuevo a la cama.
El médico miró en dirección a la puerta.
—Le dije que era pronto para recibir visitas, pero no quiso escucharme.
Ella no quiso contestar a eso… no quería hurgar en viejas heridas.
—… Pero no tiene ninguna secuela, ¿verdad? —preguntó ella de nuevo.
Vargas trató de explicárselo de forma sencilla, pero después cambió de idea. No quería estar delante de ella. No quería ni verla.
—Pregúntaselo tu misma. Yo tengo mucho trabajo —le dijo, pasando por su lado, con cierta prisa. Lucia no sabía si enojarse o agradecerle que se fuera.
Cuando se colocó frente a la puerta, detuvo su mano cuando le faltaba un centímetro para coger el pomo. Después de tanto tiempo viéndole en un estado intermedio entre la vida y la muerte, ¿qué iba a decirle? ¿Felicidades por haber salido del coma? ¿Qué se pasó noches en vela incapaz de dormir? ¿Qué casi lo mata en dos ocasiones para dejar de sufrir?
Se obligó a seguir adelante, teniendo la esperanza de encontrar las palabras apropiadas antes de entrar en la habitación.
* * *
Limbo… paz…
De pronto se sintió como absorbido en un pestañeo de su letargo, y abrió los ojos de golpe, con la mirada dirigida a la puerta. Notó el “click” que producía la puerta casi antes de producirse.
Una mujer entró. Alta, delgada, vestida con ropas oscuras y de pelo negro. Su actual actitud de incomodidad desapareció, reemplazada por una sensación de familiaridad. Lo poco que quedaba de Javier la reconocía.
Se incorporó quedándose sentado para verla mejor, ella le miraba, con una expresión que no podía entender, un descontrol de emociones a duras penas enmascaradas en un semblante serio.
—… Hola Javier…
No respondió al saludo. Sintió curiosidad por ella. Su cuerpo reaccionaba a ella de una forma muy distinta, era… ¿afecto?
Ella se acercó, lentamente. Se puso a su lado, tratando de sonreír, pero lo hacía con nerviosismo, y habló con cierto tono lloroso. No se sentía amenazado, de hecho quería saber lo que pensaba hacer…
—Has dormido mucho tiempo ¿eh? —y se sintió ridícula con lo que dijo. Se acercó a él y le dio un abrazo. Fue otra sorpresa para él, lo único que hizo fue parpadear. No era una mala sensación, de hecho parecía agradable. No la desconocía, pero con un cuerpo humano todo se veía diferente.
Ella se separó un poco, para mirarle a la cara, tenía los ojos llorosos.
—He esperado todo este tiempo para preguntártelo, ¿por qué lo hiciste? No… no fue tan terrible lo que pasó.
No respondió, sólo alzó las cejas. No sabía de qué hablaba.
—Javier, necesito saberlo, ¿qué pasó?, ¿qué…? —y ante la inexpresividad de su cara, ella calló un momento—. Javier, ¿recuerdas lo que pasó?
—… Lo cierto es que no… —terminó diciendo, despacio—… De hecho, casi no recuerdo nada.
Lucia se quedó bloqueada… tampoco contaba con eso. Al principio sintió un impulso por ponerse a llorar, pero no quería que la viera así… Tal vez fuese una oportunidad para arreglar un poco las cosas.
Luego pensó que tal vez sería mejor así.
—Tranquilo —le tembló un poco la voz al principio, pero luego dio una cálida sonrisa—… Lo importante es que ahora estás bien.
Javier alzó las cejas. Tenía razón, desde luego, estaba muchísimo mejor que donde estaba antes. Estaba más que contento, dejar una cárcel sin muros fuera de la realidad física y sin tener obligaciones con nadie le hacía sentir realmente libre. Ahora solo sería cuestión de tiempo y un poco de esfuerzo para asegurar su permanencia en ese pendenciero y pútrido mundo.
No sería un gran esfuerzo actuar como un humano.
—… Sí… estoy bien —dijo, sonriendo ampliamente. Por fuera únicamente mostraba parte de su alegría, y por dentro reía a carcajadas con euforia. No tenía señor, sus enemigos ancestrales abandonaron un edén en ruinas para que se destruyera a si mismo, y ahora era libre para hacer lo que quisiera con él.
Y esta mujer iba a ser uno de los medios para conseguirlo.
* * *