Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.
El cuerpo le pedía a gritos un lingotazo al ver la escena frente a sus ojos. En toda su carrera profesional Julia vio cosas que rallaban incluso la demencia, pero algo así… Nunca imaginó que contemplaría al equipo forense trabajar tan cerca… no, dentro de su lugar de trabajo. Tiro en la nuca a quemarropa, sin indicios de lucha. Todo indicaba a eso… como una ejecución.
—Deberíamos marcharnos —escuchó a su compañero, que inspiraba por un cigarrillo que acababa de encenderse, con un gesto de desagrado similar al de ella. Aquello pareció molestarla mucho, le quitó el pitillo de los labios de un tirón, clavándole la mirada.
—Vale que te suden la polla las normas, pero al menos muestra un poco de respeto, coño.
—Lo siento jefa… —dijo disculpándose, pero a Julia le daba lo mismo en ese momento. Lo que le jodía era lo que significaba todo eso.
El equipo hizo las fotos, tomó muestras, y en ese momento Julia veía cómo cerraban la cremallera de la bolsa para cadáveres, ocultándose así el rostro destrozado de Lorenzo.
El comisario apareció por detrás de ellos. Era muy propio en él que cuando alguien de la comisaría caía no mostrar emoción alguna, guardándose todo sentimiento.
—Delante de todos… y ni Dios ha visto nada —dijo con tono recriminatorio.
—Lo comprobé, las cámaras no grabaron nada, nada más que cinco minutos de fundido en negro, cubre la hora de la muerte —comentó David.
Todos guardaron silencio unos segundos. No hizo falta decir más para saber la única conclusión lógica.
—Asuntos internos va jodernos bien por esto —añadió, pero Fury no veía eso como un problema.
—Pues más os vale arreglarlo antes de que lleguen… ¿Sabéis algo de esto?
—… La hora de la muerte concuerda con cuando me llamó para que viniera a la comisaría, descubrió algo sobre el caso del bicho. Seguramente ocurrió cuando la llamada se cortó… Creo que el asesino esperó a que terminase de hablar para matarlo —se sacó el móvil comprobando la llamada, y se lo pasó al comisario, lo que se lo confirmó.
—Poco después me llamó ella, me dijo que viniera aquí.
El comisario los miró a ambos detenidamente, y ellos lo notaron. Era su expresión típica de sospecha.
—… Vosotros dos os vais a encargar del papeleo. Quiero los informes sobre mi mesa, quiero explicaciones detalladas de la conversación, lo que descubrió Lorenzo, donde estabais a esa hora y lo que hacíais.
Mientras lo decía, Julia bajó la cabeza y se pasó la mano por la nuca con un suspiro, y David puso los brazos en jarras.
—Tardaría menos preguntándonos si fuimos nosotros —le respondió ella, algo molesta.
—¿Debería? —dijo por último, antes de darse la vuelta y alejarse para volver a su despacho, dejándolos a solas con los chicos del laboratorio. Julia miró a David y se mantuvo callada hasta que el comisario se fue.
—Lo conoces.
—Sí.
—Sabes cómo va a proceder.
Volvió a asentir, y ella apretó los labios, frustrada. Conocían a Fury, su forma de actuar siempre era en apariencia seguir el manual hasta para proceder correctamente en el baño, pero eso no lo convertía en un estúpido. Son los únicos, o mejor dicho, ella es la última que contactó con él. Si los de asuntos internos no los vigilaban, ya lo haría él. Pero lo que la preocupaba no era ni la poli de la poli ni Fury.
—Ahora alguien que trata de frenarnos… mierda —dijo con enfado. Aquello hizo saltar las alarmas de David.
—¿Frenarnos? Para el carro. No sabemos si está relacionado con lo del bicho.
—No, tú no, yo sí lo sé, no es una simple intuición. Si un asesino mata a un investigador dentro de la comisaría, es sólo porque está metiendo mano donde no debe.
Ante eso, David estuvo a punto de titubear. Ella tenía razón, así actúan los polis corruptos… por dentro la recriminó por ser tan malditamente perspicaz.
—… Una cosa no quita la otra, podría ser hasta un puto heladero haciéndose pasar por poli. Estás patinando Julia, sólo es una suposición.
Ahora era ella la que se quedó parada y pensativa unos segundos.
—Muy bien… pero suposición o no, lo vamos a mirar.
—Y vuelta al trote —dijo al verla salir de la estancia con paso enérgico, y se vio obligado a seguirla—. ¿Y ahora qué? ¿A saltarse el procedimiento?
—Tú rellena papeles si quieres, yo tengo trabajo—respondió Julia.
David acabó poniendo los ojos en blanco unos segundos, y sonrió un poco.
—Está bien jefa. Tú mandas.
Julia todavía recordaba la conversación con Lorenzo antes de morir. Tomás Herrero era la pista, y se repetía a si misma que no iba a perder el rastro otra vez.
A David en cambio, de espaldas a ella, le fue cambiando gradualmente la cara hasta que ya reflejaba sus verdaderas emociones. Todo marchaba como él se temía… pero también lo tenía previsto.
Salieron a la calle, y estaba diluviando.
* * *
Llovía sin parar desde un cielo casi tan ennegrecido como el ébano, y los truenos no dejaban de sucederse… La lluvia en sí no era una preocupación para él ni le molestaba. Lo que le crispaba entonces era tan inútil para él como las bacterias, pero para sus planes era una picadura letal en potencia…
El lazo con su hijo.
Otra vez visitar esa casa, donde nadie le quería sin contar la indiferencia de un inocente niño pequeño de otro matrimonio y su ex mujer con remordimiento de conciencia… Tesiel lo estuvo meditando desde que salió del local de Deborah. Por lo general, si fuese el auténtico Javier o cualquier otra persona quien pasase por esto, estallaría en carcajadas al verle sufrir… el sufrimiento ajeno le hacía sentir muchísimo mejor, pero sentía ese dolor como el suyo propio, y lo mismo que le impulsaba a odiar a esa mujer, también le obligaba a frenarse… y eso le hacía preguntarse si ese cuerpo realmente estaba vacío… o su dueño sólo se encerró en una esquina sin intención de salir.
Si algo realmente le cabreaba era tener dudas o limitaciones, y tomó una decisión. Tenía dos cosas que hacer mientras se establecía en Madrid.
1: Averiguar la raíz de sus dudas.
2: Arrancarla de cuajo.
Inspirando despacio, queriendo tomar fuerzas para entrar ahí y aguantar ese ridículo sentimentalismo humano, tocó el portero. Realmente le enfermaba, aunque se tratase de su envoltorio. ¿Esos monos poco evolucionados sintiendo pena por su accidente y sobrecompensación por sus traiciones?… Si de verdad lo hicieran de él directamente, daría rienda suelta a su aspecto más brutal y perverso.
Se tragó la amargura para más tarde. El portero automático reprodujo un crujido electrónico.
— “Adelante” —escuchó la voz desagradable de su exmujer, conforme abría la puerta del porche. “Si me bebiese su sangre no sé si lo disfrutaría o intoxicaría este cuerpo” pensó para sí, entrando.
La mujer abrió la puerta y le observó desde la parte del porche que estaba bajo techo.
—Pero… Por Dios si estás chorreando.
—Estoy bien —respondió, algo seco, poniéndose bajo cubierto. Pensó en quejarse, pero aguantó un leve gruñido cuando ella le quitó el abrigo, aceptándolo a regañadientes.
Podía notar la mirada de lástima de ella en su espalda mientras pasaba al interior de la casa.
—Gracias por venir, necesitaba…
—¿Cómo está Luis? —la cortó él.
Tardó en contestarle.
—No ha llegado todavía.
—No te he preguntado eso.
Ella acabó tragando saliva con angustia mirando a un lado… “Oh vamos… ¿ahora vienen las lágrimas de culebrón?” se preguntó él…
—… Mal… me llegó un aviso de su instituto. Últimamente no se presenta a clases o llega tarde, y cuando lo hace se insubordina a los profesores. Ayer mismo le expulsaron por una pelea en el recreo.
—Entonces era eso… —Javier se cruzó de brazos, y su frente se arrugó por la molestia. Desde el principio lo supo.
—Nosotros no sabemos qué hacer, no nos escucha.
—¿Y yo seré diferente?
—Javier yo…
—No, Javier no —dijo encarándose a ella. No entendía eso, ¿por qué esa patética humana le sacaba tanto de sus casillas?—, te conozco, no estaría aquí si no me hicieseis responsable de que el niño esté así. Por mucha cara que me pongas de víctima, desearías que siguiese pudriéndome en esa cama para ahorraros todo esto a ti y a tu hijo, ahora que tienes tu vida tan bien montada.
Estaba desprotegida ante un ataque así, nunca la avasalló de ese modo.
—¿Y sabes lo que creo? Que como no me respondes a esto, significa que tú sabes o tienes algo que ver con lo que me pasó.
Recibió un bofetón que no esperaba, logró que tornase la cabeza un poco a un lado y que notase cierto ardor en la mejilla. Se molestó en mirarla, y vio su cara de enojo… al borde de las lágrimas.
—Eso no te lo consiento, lo hiciste tú solito… y sí… Ahora desearía que no hubieses despertado nunca.
Entre esa mirada y los ladridos del perro de fondo que trata de ir a la defensa de su ama, Tesiel se sintió tremendamente incómodo y furioso, pero no lo manifestó de ninguna forma, simplemente la miró sin emoción.
Cuando Tesiel esperaba que iba a pedirle que se marchase y así dejar esa mierda atrás ella escuchó la puerta del porche abrirse, y se secó rápidamente las lágrimas con un pañuelo y se encaminó a la cocina… Le llegaron en ese momento recuerdos de las escasas veces en que ella y Javier discutían, y hacían exactamente eso, para evitar que lo viese el niño. De buena gana hubiese terminado con esa tontería saliendo por la puerta y empujando al niño al jardín si se ponía en medio… si no fuese de nuevo por esos estúpidos sentimientos.
Decidió seguir con el teatro, un poco más, y fue al comedor, y se sentó en el sofá con hastío.
Luis entró por la puerta.
—Mamá ya he… —dijo en voz alta, pero se calló al verlo a él cuando entró en el comedor a dejar la bolsa.
Se quedaron mirándose ambos unos segundos…
—¿Qué haces aquí?
—He venido a comer.
Dejó la bolsa en el suelo junto a sus pies, sin dejar de mirarle.
—Dijiste que te ibas.
—Me invitaron —y Luis frunció aun más el ceño.
—¿Por qué no pruebas a desaparecer de una vez y no volver? A lo mejor te gusta y todo.
Tesiel acabó sonriendo un poco por dentro sin llegar a exteriorizarlo, con cierta malicia… Entendía muy bien a ese muchacho y era curioso que fuese su “padre” en esas circunstancias.
—Porque según tú estoy aquí para amargarte la vida, ¿no?
En respuesta le echó una mirada que decía “vete al carajo” con palabras mudas, pero Javier volvió a hablar.
—Veo que no me escuchaste la última vez que hablamos.
Luis no le respondió, simplemente se fue, dejándole a solas. Javier no se lo tomó a mal… de hecho disfrutó de ese momento de tranquilidad, y empezó a meditar sobre el tema, para de paso, evitar pensar en el rencor indirecto que sentía hacia su ex mujer.
Sólo tenía que ponerlo contra las cuerdas y obligarle a depender de él. Y en eso, era todo un maestro. Cocinar el plan no le llevaría mucho…
—Hola.
Le sacó de sus pensamientos un niño entrando en la cocina, y centró su vista en el mismo. Pequeño, inocente, lleno de esperanza, ajeno a la triste realidad… Tesiel acabó con una sonrisa sincera en la cara.
—Hola chico. ¿Qué tal?
—Tú eres el amigo de mamá ¿verdad? —preguntó con actitud social. Acabó riendo un poco.
—Sí, soy el amigo de tu mamá.
Entonces se acercó, y se sentó a su lado, como si no hubiese ningún problema. Volvió a sorprenderle, en cierto modo había olvidado lo que era la inocencia de un niño.
—¿No te asusta estar cerca de un extraño?
—Ah, es verdad —dice él, y le ofrece la mano, con actitud infantil, y una sonrisa de varios dientes de leche—, me llamo Miguel.
Puso media sonrisa.
—Eres todo un hombrecito —le estrechó la mano—. Me llamo Javier.
—Ya no somos desconocidos.
—No, no lo somos.
Entonces el niño se adelantó un poco, cogiendo el mando de la mesita, y encendió el televisor de pantalla plana, buscando el canal de dibujos animados. Apareció la imagen de un chico que se transformaba en alienígena y luchaba contra otros.
—¿Te gusta Ben Ten? A mí sí. Mola mucho.
Prestó un poco de atención a la pantalla. Un niño adquiere el poder para luchar contra el mal y vencerlo, en una historia que siempre triunfa el bien. Al chico le encantaba, era evidente, sólo desviaba la mirada de la pantalla para esperar su respuesta.
—Claro. Mola mucho.
Ahora entendía por qué los humanos se dedicaban a mirar la pantalla. Con ella no tenían necesidad de pensar. Tenía su encanto, pero era una pérdida de tiempo que le apartaba de las cosas importantes, como el hijo que tenía mirándole por el hueco de la puerta, mirándolos con sospecha. Otra vez, el instinto básico de proteger a los tuyos de lo que creen una amenaza.
Muy divertido.
Miró a Miguel.
—Oye chico, ¿quieres que te enseñe un truco?
* * *