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Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.

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CAPÍTULO 14: HUMANOS (3/3)

Nunca se sintió más raro que en esa ocasión al llegar a su casa. Nicolás comprobó que el maletín de su nuevo jefe estaba en el mismo sitio oculto donde lo dejó.

Nicolás no era un hombre violento cuando empezó con Nelson, o al menos no se consideraba así. No veía los estudios como algo para él dado que no los sacó bien. Desde que tiene memoria había estado en trabajos a medias. No tuvo jamás aspiraciones más grandes que mantener el estómago lleno y el sueldo mínimo para vivir. Sin embargo, poco le faltaba para cumplir los treinta y dos años y todavía no encontró un empleo estable, y ahora había perdido otro, para entrar en uno del que no podría escapar jamás.

Cogió una botella de ron de su mini bar, se sentó, todavía nervioso en el sofá de su salón, sacó un cigarrillo que le temblaba un poco en las manos y empezó a fumar y a beber, dándole vueltas a la situación una y otra vez… Se puso la mano donde debería haber una herida de bala que le habría costado la vida, y sin embargo no había nada. Jamás olvidaría lo que vio, como tampoco olvidaría las condiciones. Si quería seguir con vida, tenía que creer en él, porque no era un simple hombre, y eso se lo demostró ante sus ojos.

Cuando le sanó, estuvo un par de minutos creyendo que estaba loco, mirando a esa criatura con rostro de hombre flacucho desnutrido, que le sonreía ampliamente y con malicia cuando debería estar en el suelo sujetándose las costillas rotas. Tenía muy claro que no era un simple humano. La escena se le gravó a fuego en la memoria, y estaba seguro de que ni aunque se bebiera todo el ron del mundo no la iba a olvidar. Si quería vivir, tendría que servirle sin condiciones.

Su jefe se llamaba Tesiel, era lo único que debía saber, y que no debía pronunciar su nombre si no era una urgencia.

Minutos más tarde, llegaron al despacho de su ahora ex jefe, que se estaba encargando de firmar unos papeles. Nelson les miró con los ojos abiertos como platos.

—¿Qué coño está pasando? Nicolás, te dije que… —la cara se le quedó blanca, y alzó las manos cuando vio a Tesiel encañonarle con la pistola—… Eh, o-oiga, no nos pongamos nerviosos, ¿de acuerdo?

—Es usted quien está nervioso —respondió él, sin inmutarse.

—… ¿Dónde está Dónovan?

—Durmiendo —y cargó el percutor del arma. No le temblaba el pulso. Nicolás pudo ver como dejó sin sentido en un momento a su ex compañero con un culatazo de la pistola en la nuca.

—… ¿Cuántos carnets dijo que quería?

Y luego otra vez esa sonrisa sociópata.

Esa escena del día anterior se repetía en su cabeza en un ciclo inacabado, pero por mucho que lo hiciera, por mucho que pensara en aquello no podía negar la increíble verdad. Dio otro trago a su vaso de ron. Ahora tenía dos dudas. Una, saber si tenía que presentarse ante el cura más cercano para que lo exorcizara o algo así. Y la otra… lo que iba a hacer a partir de ahora.

No todos los días se encontraba uno con un ente como ese.

Las órdenes que recibió eran claras. Guardar en lugar seguro ese maletín y esperar más instrucciones.

—“Nicolás.”

Escupió el ron por la mesa del susto, levantándose de golpe. Miró a todas partes, pero no encontró nada, estaba sólo en la casa. Sonó tan claro en su cabeza que prácticamente podía estar a su lado.

—“Nicolás, atiende” —volvió a oír, dando un respingo que casi se cae de nuevo al sofá. Reconoció la voz.

—… ¿Jefe?… Pero… ¿Cómo lo…?

—“No te molestes, no lo entenderías aunque quisieras. Puedo hacerlo.”

Nicolás sintió un escalofrío. ¿Cuantas cosas más era capaz de hacer? Acabó sentándose de nuevo en el sofá, le hacía falta.

—“¿Te molesto?” —preguntó Tesiel, seriamente.

—¡No, no! Todo está bien —se apresuró a responder—. Hice lo que pediste, lo tengo aquí.

—“Ábrelo.”

Por un momento dudó, pero ya le quedó bien claro que no podía tentar a la suerte con esa cosa. Fue a por la maleta y la abrió.

—¿Qué cojones…? —dijo, impresionado de la cantidad de billetes de cien de su interior—. ¿Qué has hecho? ¿robar un banco?

—“¿De verdad quieres saberlo?” —escuchó de nuevo dentro de su cabeza. No se atrevió a responder—… “No te lo doy para que vayas de viaje. Quiero que compres un coche, y que con lo que sobre hagas una cuenta a nombre de Débora Costa.”

Mientras él hablaba, Nicolás fue rápido a por papel y algo para escribir, para apuntarlo todo.

—Espera, lo apunto… Vale.

—“Meterás tres mil euros para abrir la cuenta. Luego meterás dos mil cada semana, el resto lo quiero bien guardado. No llames la atención ¿entendido?”

No imaginaba por qué querría esa cosa utilizar tanta pasta, pero ser usado como un esclavo era algo que ya supuso que le iba a pasar.

—… Entendido.

—“Te aconsejo que no hagas planes para esta noche.”

—… No, no tenía, ¿por qué?

—“Porque vas a invitarme a cenar.”

* * *

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