Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.
MaDRID, 18 de octubre 2009
La comisaría era un maldito desorden, o al menos así le parecía a Julia. Hasta los novatos se daban patadas en el culo. Pasó junto a los encargados del caso de un violador asesino que actuaba a diez minutos de allí, unos pocos en robos, con un robo de trescientos mil en un banco, estafas telefónicas, drogas, pirateo informático… Todos los departamentos estaban echando humo, y los calabozos estaban casi llenos.
Por no hablar de un video que mató un chiflado. Aquello incluso les hizo vomitar a algunos de los novatos cuando lo vieron.
¿De verdad está la ciudad tan cerca de convertirse en un estado de sitio?
Aunque tenía el café en la mano, le daba que le iría mejor con una tila, pero ya lo bebía por costumbre. Salió de su despacho por tal de tomarse un respiro, y con todo ese jaleo casi le dieron ganas de volver a entrar.
Cuando pasó por recepción, el busca emitió un zumbido, y al leer en la pantalla en grande “Salvador” no pudo evitar suspirar con un quejido. Fury quería verle.
Llegó al despacho del comisario tres minutos más tarde, y al ver su expresión dura, incluso más de lo habitual, la puso en alerta.
—¿Sigues en un punto muerto, verdad?
—… Sí, señor comisario… El laboratorio no nos ha dicho nada todavía por desgracia, y encontramos nada que relacione o implique a la dueña de ese club.
Daniel se levantó despacio de la mesa, y puso las manos sobre la misma.
—Julia, necesito que os pongáis las pilas ya. Si la prensa nos come vivos, vamos a tener a tus viejos colegas del CNI encima, y no me apetece tenerlos encima apestando esta comisaría.
Desde luego, no era un secreto que pusiese a parir al CNI. Incluso estuvo mandándole los primeros meses los casos más difíciles por haber sido antes una de ellos. Por suerte acabó tolerándola e incluso a caerle bien, pero nunca contó los motivos de su malestar con ellos. Pero ahora, lo que cabreaba a ambos era la ineficacia que estaban demostrando. Investigaron familiares, compañeros de trabajo, amigos, vecinos, y pusieron un montón de casas patas arriba buscando pruebas, pero no consiguieron nada.
—… Hacemos lo que podemos, señor.
—¿Ah sí? —metió una mano en uno de los cajones de la mesa, y sacó un sobre grande—, pues mira lo que me mandaron por correo, a mi casa.
Le dio la vuelta, y una serie de fotos salieron de él esturreándose sobre la mesa. En ellas aparecía una serie de fotos, en las que aparecían víctimas, cuerpos despedazados, y parecía que a cada una que Julia ojeaba, más horrendas eran. En las últimas se veía lo que estaba buscando.
Una bestia enorme, con piel escamada, cuernos y un cuerpo musculoso y enorme estaba masticando el vientre de una victima con la cara desencajada por el pánico y el dolor.
—… Esto es…
—Asqueroso —terminó él, dando un golpe con la palma en la mesa—. Ese hijo de puta sigue ahí fuera sacando a comer a su perro, y encima mira. Mira esto.
Señala una foto, en la que aparece pintado un mensaje en el suelo con sangre, junto a un cadáver.
¿POR QUÉ NO ME PARAIS?
—Eso mismo me pregunto yo.
—Lo atraparemos.
Hizo un amago de decirle una bordería, pero se calló. Empujó un poco las fotos hacia ella.
—Lo único que he conseguido sacar es una huella parcial, de un pulgar, y con eso no tenemos nada.
—¿La sacó usted?
El comisario resopló, y sacó la huella también, poniéndola sobre el escritorio. No lo admitiría, pero esas fotos le impactaron hasta el punto de saltarse los protocolos, y por el mero hecho de que el asesino no las mandó a la policía, si no a él. Pero ella podía ver sin esa presión nublando su orientación, y sabía exactamente lo que debía hacer.
—… No… tenemos mucho.
Ahora estaba muy cerca. Sólo tenía que esperar a que el laboratorio le diera una respuesta.
—Tardaremos muy poco, señor.
Recogió las fotos con cuidado, y se marchó del despacho, andando muy deprisa. Cogió el móvil y llamó a David, como lo hizo también por la mañana para que se “dejase de cuentos y de días de baja”. De camino al laboratorio lo encontró, muy desaliñado, con la camisa por fuera, y por suerte sin oler mal.
—¿Qué, se te pegaron las sábanas?
—Coño, que sabes que este iba a ser mi día de baja. No me jodas Julia.
—Ya te gustaría.
—Ja – ja. ¿Qué ocurre?
—Tenemos una huella, y me da a mí que es de esa cabrona de Rocio. David se paró unos segundos por la sorpresa.
—¿Ella? ¡Pero si es la víctima!
—Baja la voz, coño. Hazme caso, tengo una corazonada.
Tardaron diez minutos en llegar, hacer la prueba y darse cuenta de que no era ella por los resultados. Julia apretó los labios, si estuviese sola, habría dado un golpe sobre la mesa en ese justo momento.
—Te lo dije.
—Hay que comprobar las huellas de los miembros Vip de ese local, sus empleados, sus contactos, proveedores, todo lo que la ronde. Y también de los que ronden a las víctimas que hayan sido identificadas.
—La lista puede ser eterna.
Aquello la enojó.
—La gente muere mientras te tomas días de baja, gilipollas.
—En eso no te equivocas… -añadió Lorenzo.
Julia le miró, pero él no le prestaba atención a ella, sino a la televisión, que empezó a subir el volumen.
Las noticias de Antena 3 mostraban en directo la vista de un helicóptero, ofreciendo una vista desde el aire de parte de la fachada de una de las torres Kio. Había un cadáver ahorcado con el cuerpo ensangrentado y lleno de heridas salvajes, colgando por debajo de un cartel grande que tenía escrito con sangre otro mensaje.
TEMED DE NOCHE Y DE DIA
CUANDO YO SUELTE A LA BESTIA.
PORQUE PEOR ES EL MAESTRO DEL MONSTRUO
QUE EL PROPIO MONSTRUO.
* * *