Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.

Publicidad

CAPÍTULO 8: IMPOSIBLES (3/3)

Caminar por el hospital de madrugada se volvió una costumbre para él, ya que la mitad del tiempo diurno lo utilizaba para descansar. Aunque aquello no era algo que le hiciese sentirse mejor, en el pasado no necesitaba un envoltorio de carne para mantenerse dentro del mundo, podía hacer que su sola esencia se hiciese corpórea con la forma que quisiera. En cambio ese cuerpo le exigía una manutención estricta. Daba gracias a que no necesitaba estar constantemente alerta por si respiraba, si se le olvidase no le sería raro que se le cayesen los ojos.

Y encima, para ser un envase humano, era más débil que la media.

Pero no estaba allí para autocompadecerse, encontrar un lugar en aquel mundo sin fe no era fácil, y tampoco encontrar un motivo para seguir. Sólo sabía que hasta tener una respuesta debía estar preparado, ser fuerte… antes de que ocurriera algo. El camino de Javier podría verse truncado por cualquier impedimento, hasta por alguien de su clase, su antigua clase.

Sin embargo ese cuerpo mejoraba, y los pactos hechos hasta ese momento le fortalecerían. En unos días, podría hasta salir de ese frío hospital.

Y de ahí en adelante… bueno, ya se verá.

Cavilaciones… daría lo que fuera por pensar alguna vez en algo que no fuese lo mismo.

Y por pensar tanto cometió un error.

En uno de los pasillos que hacia esquina con otro, torció cuando no debía, y un haz de luz de una linterna le iluminó. Como acto reflejo volvió atrás, pero fue tarde. Aunque fue solo un instante, el guarda de seguridad le vio.

—¿Quién hay ahí?

El guardia no se lo pensó, corrió hasta el cruce entre los pasillos lo más rápido que pudo, pero era algo corpulento como para correr los cien metros libres sin dejarse el aliento. Aun así, supuso que ese desconocido no tendría tiempo de salir del otro pasillo.

Pero en cuanto giró no vio a nadie por el pasillo.

—Muy listo —dijo el guardia en voz baja. Se llevó la mano al comunicador y pulsó un botón, abriendo un canal con un compañero—. Oye Félix, acabo de ver a un paciente fuera de su habitación… Sí, tercera planta, creo que se metió en una de las habitaciones, voy a mirar en una, tú atento.

El guarda fue a la primera habitación a la derecha, alumbrando con la linterna las esquinas. Lo que no sabía era que mirase donde mirase, no le iba a encontrar, aunque seguía en el pasillo. Había ciertas cosas que la criatura podía hacer, y esa era una.

Javier le miraba desde arriba, como si fuera el guardia y no él quien estuviera pegado en el techo como un insecto. Torció la esquina del pasillo por el techo, adherido, en contra de la gravedad.

Lo bueno de aquello era que las cámaras de seguridad estaban por debajo de él. Cuando avanzó lo suficiente se dejó caer, y al tocar el suelo prácticamente no hizo ruido. Ahora podía continuar con lo suyo.

Aunque fue un fallo bastante gordo el que le viera, al menos tuvo suerte. Al pensar que era un paciente fuera de su cuarto, no llamarían a la policía. La poli de alquiler tenía su orgullo.

Esa noche salió porque durante el día notó un cambio extraño en el hospital y no podía recorrerlo así como así. También había cosas que podía ver o notar. Si se centraba en ello, podía notar a todos los que les rodeaban por su esencia, por el eco que emitía su alma, a sus ojos eran igual que faros. Hacía poco un alma resquebrajada y corrompida llegó al hospital.

Y la notaba muy cerca.

Un rato después, llegó a una habitación que estaba un piso por debajo. Estaba justo detrás de aquella puerta. Al cruzarla, vio una habitación como la suya, con una sola persona, que se mantenía viva a través de tubos. Su cuerpo era tan delgado como el suyo, y en un lado de la cabeza, donde debería haber pelo tenía un tribal enorme.

El sentido común de su propio cuerpo quería que se mantuviese alejado de ese tipo, su cuerpo tenía miedo. Javier no se dejó influir, ese tipo estaba drogado, durmiendo por la anestesia general. En la placa de la cama ponía José Romano. Estaba allí por tres heridas de bala en el pecho.

Javier colocó su mano en la frente del inconsciente José, y solo dijo una cosa, una palabra imbuida de poder en una lengua que prácticamente nadie en ese mundo conocía, salvo otro como él. La traducción más fidedigna era esta.

Háblame.

Un torrente de imágenes de muerte inundó su cabeza. El demonio se dio cuenta, era un psicópata esquizofrénico, secuestró y asesinó niños, atracó tiendas, envenenó drogas que luego vendió a sus enemigos en la calle, incluso destrozó a puñaladas a un hombre. Estaba allí tendido porque un compañero le traicionó en un atraco y se llevó todo el dinero. La policía no pudo vincularle por falta de pruebas.

Vio muchas almas como esa en la antesala del foso, pero no mucho peores. No solo le daba asco, sino que además carecía de creencia alguna. Estaba más muerto por dentro que por fuera.

El mundo no lloraría por su muerte. Le había juzgado, por la vida que llevó.

Era consciente de que en poco más de un minuto aparecerían los médicos, para encontrarle muerto por fallo cardíaco, causado por muerte cerebral, así que salió por la ventana y volvió a su habitación.

* * *

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
L
<br /> muy bien narrado, que intriga dios!!<br />
Responder