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Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.

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CAPÍTULO 7: COMPLICACIONES (3/3)

Nunca había tenido sueños, teniendo en cuenta que solo hacía un par de días que durmió por primera vez, aliviando el cansancio físico y mental. Hasta logró desconectar de todo lo que le rodeaba y le invadía por dentro, pero esa noche tuvo por primera vez una experiencia onírica.

Pero más que un sueño fue una pesadilla.

Era un sueño extraño, pero a la vez muy real. Se vio a si mismo, en el vacío negro que tanto conocía, arrastrándose entre las mareas de almas que entraban por esas grietas que le liberaron de su cárcel de oscuridad total, oyendo como sus camaradas torturaban y destrozaban esas mismas almas. Durante todo el trayecto notaba esa tracción cada vez más fuerte que tiraba de él para traerlo de vuelta.

¿Creias que nos habíamos olvidado de ti…? —escuchó detrás de él, la voz de una de las entidades más negras del foso.

Le faltaba muy poco para escapar, el otro lado de la grieta estaba cerca. Los pliegues de la realidad se mantenían abiertos, nadie vigilaba al otro lado…

Agarró los bordes de las grietas de lacerante luz. Entonces una mano, la colosal mano de un titán de ébano agarró su pierna izquierda, un barón del infierno empezó a tirar de él.

Estás tan maldito como nosotros… ese ya no es tu mundo —dijo la voz, tan negra que podía cortar la luz.

En su cama de hospital comenzaba a revolverse entre las sábanas, a temblar descontroladamente. Inconscientemente nadie tiene control sobre sí.

El dantesco brazo cada vez tiraba más fuerte, mientras que en la realidad sus movimientos eran más violentos cada vez. La cama entera comenzaba a temblar salvajemente.

—¡Suéltame!

¿Qué te suelte? Necio. ¿Aún crees que puedes dirigir tu destino? Te conozco, fulgor del norte, y aunque en este agujero nadie recuerde tu nombre verdadero, no por eso eres libre. No podrás escapar de mí como hiciste siempre…

La botella de agua que reposaba sobre la mesilla de al lado de la cama se agitaba también, y el agua parecía que había entrado en ebullición, y al igual que si estuviera en una olla a presión empezó a salir vapor por los resquicios tapón a causa de la presión.

—¡He dicho que me sueltes! —gritó furioso, sin soltar las ardientes grietas que abrasaban sus manos.

Durante todo tu encierro no te comportaste como uno de los nuestros. Estos muros agrietados pronto caerán, y el mundo en el que estás será el siguiente. Si no tienes claro dónde debes estar no te interpongas, o serás el primero en ser destruido.

De pronto, la botella reventó, y fue como la primera ficha de dominó que efectuó una reacción en cadena. Despertó de golpe en el momento en que ese brazo triunfaba, arrastrándole de nuevo al negro abismo. Se incorporó y lanzó un grito que le abrasó la garganta.

—¡¡¡NOOOOOOOOO!!!

Su cuerpo y su voz fueron el origen de una onda expansiva, invisible, pero lo bastante fuerte como para provocar miles de grietas en los cristales de las ventanas.

Respiraba rápidamente, notaba su cuerpo ardiendo. Se miró las manos, que estaban echando humo. El agua que le empapó, en contacto con su piel se evaporaba.

No pudo aguantarlo más, necesitaba ir al baño, a echarse algo de agua a la cara. Se sentía furioso, pero se obligó a tranquilizarse. Con aquel enfado fue igual que si volviese a oír los gritos de los condenados del foso.

Cuando la humedad del agua le tocó la piel miró al espejo, con el ceño fruncido. Empezó a dolerle la cabeza por aquella agitación, y cuando cerró los ojos, las luces parpadearon de forma que parecía que la corriente se volvía inestable. Al tenerlos cerrados no pudo ver que con el bajón de luz. Momentáneamente, en su reflejo se mostró una sombra, como una distorsión de la realidad, en la que se mostró su auténtica forma. Pero en cuanto volvió a abrirlos, solo veía su cara empapada de agua.

Decidió volver a la cama, tenía que estar relajado para cuando llegase el médico. No era justo lo que habían hecho, pero si pretendía cambiar las cosas, todavía tenía que prepararse.

* * *

En aquel mismo momento, a siete kilómetros de allí, había una mujer joven. De apenas veintitrés años, era dueña de una discoteca llama Sucubus nest, un local de mucho éxito, y todo gracias a su… manutención.

Escribía tranquilamente en su escritorio, en un despacho en la parte de arriba del mismo local. Además de inteligente era bella, de cuerpo esbelto y mediana estatura, con melena negra y rasgos mediterráneos. La punta de su bolígrafo se movía rápidamente sobre el papel, hasta que de pronto, la paró en seco. La luz de su cuarto parpadeó levemente.

Rocío levantó la vista, pero no enfocaba nada determinado, porque era aquella sensación, aquella vibración que siempre notaba cuando algo ocurría, cuando pasaba algo fuera de lo normal.

Cuando otro de los suyos utilizaba su poder.

No cabía duda. No podía ser aquel monstruo que rondaba por la ciudad, porque ese eco no estaba tan cargado de oscuridad como cuando él actuaba y porque su territorio está en la otra punta de la ciudad. No era el devorador.

Hay otro.

El papeleo del local podía esperar, aquello era de mayor trascendencia. La distorsión fue demasiado débil como para saber dónde ocurrió, pero no debía ser muy lejos.

Cogió el teléfono inalámbrico y llamó a alguien que podía hacerse cargo de encontrar a ese Elohim. Si no lo encontraba antes que el devorador, la guerra acabará en una masacre por las calles de Madrid.

* * *

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P
<br /> muy chulo<br />
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T
<br /> <br /> Gracias por tu comentario. Aunque todavía no está corregido, pronto se seguirá colgando capítulos de nuevo. Un saludo.<br /> <br /> <br /> <br />