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Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.

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CAPÍTULO 7: COMPLICACIONES (1/3)

“Hay entre nosotros quien dice que a veces el cascarón te elige a ti y no al revés, que es imposible tomar un cuerpo por la fuerza, y que elegir una herramienta que no es afín a tu propia esencia hace que el cuerpo se revele o falle en el peor momento.”

“En ese caso debía estar muy débil cuando crucé la grieta... no lo se.”


MaDRID, 28 de SEPTIEMBRE 2009

 

 

Al principio nada es fácil, eso lo saben hasta los niños, y Javier no consideraba que su situación fuera distinta. Había conseguido pocas cosas en ese tiempo, y no descubrió mucho sobre su nuevo pasado en esos tres días. Al menos en los otros ámbitos había conseguido un avance, ya podía comer alimentos sólidos, y con ello había comprendido que la comida del hospital no era para nada buena. Pero lo que más agradecía el era que su salud había mejorado suficiente como para mantuvieran apagada la máquina que mostraba sus constantes vitales.

Despertó a las diez de la mañana, cuando le trajeron el desayuno. Le habían cambiado de habitación, en la que estaba ahora solo la ocupaba él, y fue algo que también agradeció. En la soledad se podía pensar mejor.

Comió utilizando cuchillo y tenedor. La primera vez que tomó alimentos sólidos lo hizo con las manos, cosa que extrañó mucho a Duke y que a Javier le dio que pensar, hasta que los recuerdos volvieron a llegarle, mostrándole cómo debía comer según los cánones de la sociedad. Por suerte, conceptos básicos como ir al baño ya le eran familiares… habría sido humillante cagarse encima.

Lo que si fue algo que no se esperaba fue cuando utilizó la ducha. Una cosa era poseer recuerdos de otro y otra muy distinta tener una primera experiencia. El agua salió tan fría que le obligó a gritar. Coño, ¿por qué pediría el anciano de los días que sus hijos tuvieran un cuerpo tan inútil? Comer, beber, cagar y mear, ducharse, afeitarse y un montón de cosas más que requería el mantenimiento de un ser así. Tales cosas no eran necesarias para entes como él en el pasado.

Pensando sobre todas esas cosas terminó de comerse el desayuno. Se sentía mejor que en un comienzo, ahora por lo menos el estómago dejó de crujirle.

Dentro de poco vendrá el fisioterapeuta, igual que ayer.

Se levantó de la cama y se puso a mirar por la ventana. Entonces su estado de ánimo cambió por completo.

Todo era diferente a como lo dejó hace tantísimo tiempo. Habían destruido todos los dones que les habían dado… El mundo estaba hecho trizas, y sus habitantes parecían muertos por dentro.

Se sintió mal, al principio sintió hasta enojo, tanto hizo él y los suyos para arreglarlo… y ahora, en vez de edificaciones majestuosas solo quedaban esas frías columnas de acero y piedra, a las que llamaban “pisos” o “rascacielos”. La lluvia del exterior no mejoraba para nada el paisaje.

¿Tanto había sufrido por ellos para que así se lo pagasen?… Puede que ese fuese el motivo por el que los ángeles no se quedasen. No son necesarios guardas de seguridad en un vertedero decrépito.

Se percató de que alguien estaba tocando la manilla de la puerta, pero ni siquiera se giró. Entonces escuchó la voz de Duke tras el sonido de la puerta al abrirse.

—Preciosas vistas, ¿verdad?

—Son horribles —le respondió, apartándose de la ventana y sentándose en la cama. Vargas esperaba una conducta un poco menos negativa.

—¿Una mala noche?

Javier lanzó un suspiro, tratando de cambiar de tema y olvidar su malestar.

—Y un mal despertar… —y giró la vista hasta Duke. Se dio cuenta de que prefería no tener que hablar de nada, solo estar solo—. El hospital tiene más de doscientos pacientes, ¿no tienes que atender a ninguno?

Vargas rió en respuesta.

—No se si recuerdas que hace diez años tu también perdías el tiempo por estos mismos pasillos cuando un amigo estaba en una camilla.

Con aquella frase le llegaron la curiosidad y las dudas, ahora si tenía ganas de hablar.

—… ¿Trabajaba aquí?

—Por supuesto, eras el jefe de urgencias. Más de una vez estuve en un quirófano contigo.

El paciente se mantuvo en silencio un par de segundos, haciendo como si estuviese recordando algo insignificante, como un detalle sin importancia. De vez en cuando veía fragmentos de su pasado. Había imágenes de él con bata blanca o con pijama verde, jugando con las tripas abiertas de la gente para devolverles la salud.

—Ah… sí.

—La verdad es que me tuve que ocupar de tu despacho todo este tiempo, a ver si hay suerte y te lo vuelves a quedar. Bueno, venía a traerte algo de comer, lo necesitarás si quieres recuperarte pronto.

—No tengo hambre —y entonces Javier se fijó en la carpeta que el médico tenía bajo el brazo—… y no has venido solo por eso.

Duke parpadeó un par de veces, adquiriendo seriedad.

—Verás, han llegado los resultados de las pruebas que te hicieron ayer. El neurólogo te ha diagnosticado amnesia histérica post-traumática.

Al ver que no comprendía cuando levantó las cejas y puso una cómica cara de idiota continuó.

—… Las resonancias y demás que te hicimos antes y después de despertar no muestran ninguna lesión cerebral. Sea lo que sea tu problema es emocional o psicológico, como si hubieras bloqueado tus recuerdos a modo de mecanismo de defensa.

Entendía la explicación perfectamente, pero había cosas que le hacían dudar.

—¿Defensa hacia qué?

Duke trató de ser lo más simple posible, intentando no abotagar a Javier de conceptos médicos que podría no entender por el momento.

—… Un trauma grave tal vez, no lo se. Habría tenido sentido si hubiese lesión pero… que se reprima toda una vida por un acontecimiento es raro, muy raro. Lo que es una buena noticia es tu evidente mejoría, te acuerdas poco a poco de ciertas cosas, ya no muestras apenas desorientación —entonces le sonrió—… A veces tienes sentido del humor…

Javier imitó al médico por unos momentos, tuvo su gracia en cierta manera. En el fondo le agradeció la explicación que había recibido, ahora podía justificar su falta de recuerdos con ella de necesitar hacerlo. Era preferible contar eso a tener que explicar su memoria no le pertenecía.

—¿Y qué tratamiento hace falta?

—Verás, cuando estés fuera de aquí puedo recomendarte a un amigo mío, un psicólogo que hace bastante bien su trabajo… pero creo que eso es cosa del trabajador social.

—Anda Duke, no me jodas —le dijo con desgana, pero sin enfado—, sabes perfectamente lo que me va a decir con su psicología barata.

No supo que responder a eso hasta que lo pensó un poco, y entonces rió.

—Parece que hay cosas que si recuerdas, puto cabrón —le dijo, desde la amistad—, pero sabes que hay que hacerlo.

El paciente dio un bufido, y luego le miró con el típico gesto de “si no hay más remedio…”

—Hay que joderse… tengo que ser revisado por un tío que en la facultad ponía electrodos en los cerebros de las ratas para ver su comportamiento. Anda, ayúdame a levantarme.

* * *

—Tiene que ser una broma a la fuerza.

—Me temo que no, señorita Vinas.

Los dos policías acababan de llegar al laboratorio de la comisaría. Lorenzo Villalobos era el encargado de hacer los análisis, para determinar a qué especie pertenecía aquel animal. Era un hombre de treinta y pocos, con cierta alopecia y con gafas que le cubrían casi media cara. Llevaban tiempo esperando los análisis de las distintas muestras de saliva de los ocho cadáveres, pero Lorenzo estuvo con otro caso fuera de la ciudad, así que tuvieron que esperar.

—¿Me estás diciendo que esa cosa que va por ahí comiéndose a la gente es un maldito monstruo sin identificar?

—“Especie” sin identificar. Al principio pensaba que se trataba de algún conjunto de animales por las muestras que he recibido desde la primera muerte, y sea lo que sea, no aparece en la base de datos, ni siquiera es del extranjero, el ADN del pelo y la saliva encontrada en la parejita de enamorados es idéntico, pero me atrevo a decir que no pertenece a ninguna especie conocida por el hombre.

Aquello era tan desconcertante que Julia tardó en hablar.

—Joder, Lorenzo, ¡dame algo con lo que pueda trabajar!

—… Bueno, ese bicho tiene que ser de gran tamaño como para hacerle eso a un humano adulto. Los pocos moldes que he conseguido hacer en esa carne triturada son esto —y enseñó un molde gris de una mandíbula enorme, con dientes largos y puntiagudos de tres a cuatro centímetros de largo—. La forma de las mandíbulas es similar a la de muchas clases de felinos grandes africanos, como el león, pero el tamaño de la mordedura implica que esa cosa o es el doble de grande y pesa cerca de ochocientos kilos, o tiene por mandíbula como la boca del metro. Pero agarraros, porque lo que viene ahora es todavía mejor.

Pulsó un par de teclas de su ordenador y cliqueó en el ratón. Tres segundos más tarde la impresora sacó un folio impreso.

—ADN de reptil.

—… Oye Lorenzo, te respeto como policía, pero creo que te estás pasando con tus pantomimas de friki. Si intentas quedarte conmigo…

—Pues resulta que con lo nuevo y avanzado que es este equipo todavía carece de sentido del humor propio. Esta es la tercera vez que hago el análisis con la muestra que me disteis, y he consultado con los principales expertos en fauna. “Esa cosa no puede existir de forma natural” —recalcó—, así que o tu gatito es un pequeño godzilla radiactivo, o bien es alguna clase de hibrido producto de algún genio jugando a ser el doctor Moreau, y los pocos genetistas locos que conozco también se están llevando las manos a la cabeza por lo que les mandé en las muestras —dijo, con seriedad.

Pero los policías eran de mente racional.

—Esto no nos sirve —terminó diciendo David.

—Si no os gusta es lo que hay.

Los ojos de Julia se desviaron a un lado, al suelo, mientras se mordía el labio inferior. Luego, con un bufido salió del laboratorio. David fue detrás de ella, persiguiéndola a lo que casi era paso ligero.

—¿Pero qué pasa?

—Esto es una mierda, ¡una mierda! No tengo nada bueno que contarle al jefe, seguimos sin saber dónde buscar, y ese puto bicho sigue en Dios sabe dónde, matando gente. Quiero ese maldito informe de las líneas de metro cuanto antes. Me importa una mierda lo que sea esa cosa, hay que pararla ya.

—¿Qué te hace pensar que seguirá matando?

Ella se paró, como si hubiese escuchado la mayor gilipollez del mundo en boca de alguien que sabía que no era idiota… la mayoría del tiempo.

—Por la misma jodida necesidad que comparte con el resto de los seres vivos. Comer.

* * *

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