Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.
Pronto daría inicio a su plan. Había recobrado fuerzas suficientes para hacerlo, pero no quería anticipar las cosas. Aún no estaba listo. Recobrar un pasado es difícil. Todavía no encontró nada sobre el accidente, salvo la versión oficial en los periódicos de aquel año. En el tiempo que estuvo con esa familia, prácticamente no necesitó nada de ellos, salvo un plato de comida en la mesa, un sitio para dormir y otro para cagar. Todo lo que hacía era ejercitar su cuerpo y su mente humana. No le fue difícil entender la materia de esos libros de medicina, comparada con el conocimiento de los entes más viejos, los humanos todavía curaban rezando a deidades tribales.
Cuando se quiso dar cuenta, tenía un montón de libros apilados junto a su cama, que ya había leído, y no quedaban más.
De vez en cuando fingía interés en el trabajo de los padres, pero lo único de mediano interés en la familia era su “hijo” Luis. Siempre esquivo, rencoroso. Aquel juego le encantaba, porque podía ver en sus ojos las ganas que tenía de que se fuese, y no le daba oportunidades para ello.
No le convenía dejarle demasiado y… empezaba a sentir más curiosidad por el chico y su actitud.
Fue a subir las escaleras, para ver a su… hijo.
Luis tocaba su guitarra eléctrica, una stratocaster conectada al ordenador con un programa para grabar las pistas, como si tuviese su propia mesa de mezclas virtual.
Era un ritmo lento para lo que estaba acostumbrado, pero aun así era algo que le gustaba a Javier, quien le escuchaba desde la puerta desde hacía un rato, apoyado en la jamba. Vino a darse cuenta cuando le habló.
—No está mal, chaval.
El chico giró la cabeza tan deprisa que la melena hondeó levemente, y a Javier se le pasó por la cabeza la idea de que un poco más rápido y tendría una contractura.
Por supuesto, su cara no reflejaba ninguna amabilidad, y esperaba que se pusiera a gritarle o a ordenarle que se marchase de “su” cuarto, pero no hizo nada de eso. Volvió a apartar la vista y a centrarse en su guitarra.
—Por fin el señor se digna a hablar conmigo después de una semana.
—Desde luego, tu no darías ese paso.
—Ya, ahora será culpa mía.
Centrado en su música, no se dio cuenta de que Javier estaba sonriendo. Su hijo era demasiado orgulloso como para llamar a sus otros padres o para decirle que se fuese, y era un rasgo que entendía muy bien. En su tiempo, apodaron a su estirpe “demonios del orgullo” y cosas peores, y en los días en los que él era el joven, sentía un rencor muy similar hacia su propio “padre”.
Le hacía sentir cierta empatía por ese chico, era como una versión humana de si mismo, por eso le gustaba su forma de reaccionar.
—¿Por qué no te vas a otro a darle por culo con tu amnesia de culebrón?
Vaya, la melenuda tiene uñas.
—Es más divertido dártelo a ti. Espera, no me lo digas, déjame adivinarlo —empezó a decir, con tono ligeramente burlón—. Crees que diez años en coma no son motivo suficiente para que no recuerde ciertas cosas, y que me lo he inventado para joderos la vida a tu familia y a ti.
La reacción en silencio de Luis fue confirmación suficiente.
—Pensaba que después de tantos años no serías tan antipático o malpensado.
También entendía esta parte, pensar así aun sabiendo que no es verdad es solo una forma de hacer las cosas más fáciles de superar. Pero una cosa que no sabía, era que no le gustaba que hablaran a la ligera de su forma de ser. Había dejado de tocar.
—… El accidente te ha cambiado, antes no ibas de listo.
—Antes eras un niño que creía en la cigüeñita y papa Noel —respondió él, con sonrisilla burlona—. Y ahora estás tocando la guitarra, ¿desde cuando…?
Luis se estaba cansando.
—¿A qué has venido, Javier?
Javier hizo como si quedase con la boca abierta por haberle interrumpido, y decidió ser franco por una vez.
—Vine a ver a mi hijo, pero estás tan ausente que tengo que iniciar una conversación de besugos para hablar contigo.
Su hijo dejó la guitarra a un lado y se levantó, sin demasiada prisa.
—¿Ah sí? Pues no te molestes —le dijo, acercándose y empujando la puerta para cerrarla, pero Javier puso la mano, evitándolo.
—No he terminado.
La dureza con la que lo dijo hizo que Luis separara la mano de la puerta, dando un paso atrás. Ahí estaba de nuevo, parecía alguien totalmente distinto a quien recordaba, con malicia en la mirada, y una sonrisa en la cara.
—Mira hijo, no he despertado después de tanto tiempo para tener que ver cómo odias a tu propio padre, no se que hice para que estés así conmigo, y la verdad, no me importa, porque mañana me voy de esta casa. Es cosa tuya lo que hagas con tu vida, ya tienes pelo en los huevos, pero vivir con asco solo te amargará las cosas. Cuanto antes lo aceptes, será mejor para ti. Puedes elegir, odiarme o vivir tu vida.
Tesiel eligió lo segundo con respecto a su padre, cansado de que no tener respuesta a su llamada.
Entonces fue él quien cogió el pomo de la puerta, para cerrarla, pero dijo una última cosa antes de que se cerrase.
—Y estudiar tampoco te iría mal. Tal vez así tengas algún futuro.
Cerró la puerta, y empezó a alejarse. Vio la reacción de Luis antes de cerrarla, miedo y rechazo… Como demonio no le importaba, pero su parte humana se sentía mal por ello… Una verdadera molestia.
Entonces lo notó.
* * *
Danael estaba centrada en su tarea. Antaño su casta era la maestra a la hora de ver en la distancia lo que buscaba, eran los más capacitados para encontrar cosas. No podía contactar directamente con el diablo, pero sí tenía al menos una de sus pertenencias, podía ver su entorno inmediato.
Y tenía dos.
Cuando aferró entre sus manos el pijama quemado, en su mente se mostró el hombre que buscaba, y su alrededor. Era un hombre, alto y delgado, con rasgos caucásicos. Aparentaba poco más de treinta, pero vestía como si le hubiesen prestado ropa vieja. Pantalón de chándal y sudadera, y su alrededor era el rellano de una casa, junto a unas escaleras.
Al menos ya tenía su cara, pero el lugar no le decía nada.
Tesiel lo sentía. Tenía la desagradable sensación, parecida a un dolor de cabeza. Si no fuese porque lo había sentido antes, pensaría que alguien de la casa le espiaba, pero él lo notaba en el ambiente. Alguien le miraba con ojos invisibles, en la distancia.
Caminó directamente hacia su cuarto y cerró la puerta. No quería que nadie escuchara. Entonces la miró, o miró a algún punto en concreto sobre su cabeza, donde ella le estaba viendo…
—¿Quien eres, azote? —preguntó al aire, en voz baja y arrugando la frente—… ¿Por qué espías al “fulgor del norte”?
Podría ser cualquiera, incluido un demonio caza recompensas con intención de destruirle o devorarle. No podía permitirse que conociese los detalles de dónde estaba, o sobre él. Pese a que no tenía intención de hacer amigos, debía contactar con él.
—Aparta tus ojos y te diré mi nombre —la sensación desapareció en el acto, lo que le supuso un alivio en parte—. Tesiel.
Cuando escuchó su propio nombre en su cabeza, fue en labios de la voz de una mujer, una voz que confiaba en si misma.
—Mi nombre es Danael. Es un placer conocerte, Namaru. ¿También tú te has evadido del pozo?
Danael… recordaba el nombre de la guerra de la ira, la llamaban, una de las visionarias y protectoras. No se equivocó, era una de los Guardianes, ahora malditos como Azotes.
—Ve al grano, “portadora de la brisa nocturna” —respondió un poco tosco. No le gustaba relacionarse con otros caídos. Cualquiera vendería a su madre para conseguir lo que quieren. Ella alzó una ceja, más por la sorpresa que por ver su actitud.
—¿Me conoces?
—Oí rumores de lo que pasó en Gehinnom.
Ella tardó un poco en contestar.
—Apenas recuerdo lo pasado antes del encierro. No sabría decir —escuchó Tesiel, sentándose en la cama.
—Bien, puedes empezar por decirme lo que quieres.
—¿Perdón?
—Los de nuestra clase no suelen llamarse para conocerse mejor o recordar viejos tiempos.
—No te dejes llevar por tu ego, diablo —la voz de Danael le daba a entender que hablaba con desenfado, casi coqueteando—, sólo quería conocerte mejor ya que estás en Madrid, los viejos tiempos no me interesan.
Entonces fue él el que sonrió, y se echó en la cama, con las manos tras la cabeza. Mentirosa, cómo no.
—¿Debo entender entonces que estás siendo generosa con tu territorio y tratas de darme la bienvenida?
—¿Debería haber otra razón?
—No conozco ningún demonio amable —respondió haciendo como que le quitaba importancia.
Hubo silencio al otro lado durante unos instantes, acabado en un suspiro.
—Tesiel, no hace falta que seas tan receloso. El infierno nos quitó tantas cosas y nos apartó tanto del mundo que no queremos admitir que necesitamos ayuda ahora que trata de rechazarnos con el peso de la lógica sobre la fe.
Tesiel empezó a reír por la respuesta.
—Oh, unámonos contra el ateísmo, hermanos, se nos acaba la comida.
—¿Tan gracioso te parece? —preguntó ella, sorprendida—, vives en un mundo agonizante y sin creencias, corrupto y destruido.
—El mundo va de culo desde que los humanos asumieron la dirección —respondió, como desentendiéndose del tema, le daba igual—… Si los peores de nosotros vieran lo que veo yo de la misma forma, se sacudirían las manos y dejarían que esta letrina planetaria se ahogase en su propia mierda hasta ser destruida. No hacemos falta para que las cosas vayan a peor, Danael.
—Antes era nuestro cometido orientar a la humanidad.
—¿No dijiste algo de que te no te interesan los viejos tiempos?
La sonrisa del diablo se ensanchó aun más.
—Orientar a la humanidad… ¡JA! Siempre acaban con los pantalones manchados por no saber ni a la dirección que sopla el viendo cuando mean. ¿De verdad tú todavía crees en la humanidad?
—Hipocresía con retórica. Si mantuvieras la postura que dices, no estarías en una casa llena de humanos.
—Usar monos amaestrados para un fin no es sinónimo de tener la esperanza de verlos algún día resolver quebrados.
Esta vez fue ella quien rió, pero no con malicia o burla, simplemente le hizo gracia el comentario.
—Me gusta tu sinceridad, no pareces uno de los tuyos.
—No te imaginas lo popular que soy con las mujeres, pero me pregunto cual es el motivo de esta conversación.
—Quiero formar una alianza.
Otra vez, “sorprendiéndole”.
—No te conozco tan bien.
—Podrías cambiar de opinión si lo hicieras.
—Tampoco tengo garantías.
—¿Cuales necesitas?
—¿Tu nombre verdadero?
—No me insultes, namaru —escuchó, con cierto tono de amenaza. Reaccionó justo como esperaba. Ningún Elohim en su sano juicio daría su identidad, sólo con ella podían acabar esclavizados.
—Entonces no entiendo qué quieres de mí.
—Estos tiempos son difíciles, nuestros poderes son una triste sombra comparados con la omnipotencia que teníamos antes, e incluso entonces necesitábamos ayudarnos entre nosotros para combatir a las legiones celestiales.
La sonrisa desapareció de la cara de Javier. Insiste mucho en hacer una alianza, lo que significa que está en problemas.
—“Él” da las mismas muestras de su presencia que los muertos, quizá lo esté, y quienes le fueron leales parecen haberle seguido. ¿De quién deberías estar preocupada salvo de otros evadidos?
—… Eres muy perspicaz.
—No haberme subestimado… ¿De quién se trata?
— No somos los únicos caídos de la ciudad. Un devorador se ha instalado también, y trata de cargarse cualquier obstáculo para sus planes… Por eso quería encontrarte antes de que lo hiciese él.
—Para no ofrecerme otra alianza.
—Para no destruirte, Tesiel… Este devorador hace honor a su nombre.
—¿Sabe que estoy en Madrid?
—No sabría responderte…
Frunció el ceño y maldijo para sus adentros. Ahora eran dos, uno con intenciones hostiles para cualquiera que no fuese él mismo. “De esos había a patadas en el foso” diría su recipiente.
—Y quieres un demonio que te proteja la espalda. ¿Es eso?
—Tranquilo, buen amigo… Lo mismo que trato de pactar contigo podría hacerlo con cualquier otro. Contacté contigo para avisarte del peligro.
Cualquier otro… eso fue lo único que oyó con relevancia… y le molestó mucho cuando lo dijo, aunque no mostrara su enojo en la voz.
—Muy bien —dijo con naturalidad, incluso calidez en la voz. No le era difícil controlar sus emociones cuando se trataba de engañar—, entonces me avisas cuando encuentres a cualquier otro, yo estoy muy ocupado. Suerte con ese devorador.
No le dio tiempo a responder. Cortó la conexión antes de eso. Estaba seguro de que decía la verdad con respecto al devorador, como también lo estaba de que intentaría utilizarle para que se matasen y recoger ella los pedazos… y estaba seguro desde el principio. Se sintió realmente molesto por su actitud, y a la vez satisfecho de quitársela de encima por el momento, pero sabía que ella no lo dejaría así.
No iba a confiar en ninguno, pero le dejó una cosa clara, tenía que acelerar sus planes, y ese día iba a empezarlos.
Cogió la sudadera y salió de casa. Era hora de correr.