El gordo de Megaupload
El gordo de Megaupload
Esta canción me encanta, y como muchas versiones, la instrumental sirve para banda sonora.
Inside the fire se reactiva después de 2 meses de inactividad. Llevaré el blog a un ritmo aceptable, pero no escribiré aun nuevos capítulos del despertar de Tesiel. Antes debo reeditar los anteriores.
Lo que pretendo con este texto es reventar las pústulas que este sistema está generando y plantear una opción seria dentro de la izquierda filosófica.
Cualquier persona decente no puede no ser anarquista. Dejemos de momento esta afirmación tal y como está. Si todo va bien a lo largo del desarrollo de mi argumentación, creo que no será algo gratuito.
Quiero defender aquí una forma de pensamiento radical. Una toma de partido absoluta por una forma de vida, por una cosmovisión. No me refiero aquí al anarquismo de las pintas, ni el de la acción directa, sino a un anarquismo filosófico. Un anarquismo de salón, podría llamarse. Mi pretensión, más que convencer, es exponer, explicar, mostrar lo que quiero decir.
La base de mi discurso va a descansar en una sencilla tesis: toda institución es totalitaria.
Para explicar la tesis debo hacer referencia a unos cuantos conceptos.
El primero es sistema: Entiendo este concepto en tanto organización estable de cualquier carácter con perspectivas de perdurar. Esto puede hacer referencia tanto a un compuesto químico como a una sociedad, pero va a ser utilizado sólo en referencia hacia una sociedad.
El segundo será totalitarismo: Cualquier institución que suscriba una norma, o conjunto de éstas, que no pueda ser criticada, puesta en cuestión abiertamente, o negada, suscribe una actitud totalitaria. El totalitarismo cierra la posibilidad de imaginar nuevas posibilidades (la cierre violentamente o no). Es una intervención del Estado en la vida e instituciones mediante una política férrea de control.
Empecemos.
Tenemos un Estado democrático, ¿y qué?, ¿ahí se acaba todo?, ¿no hay posibilidad de mejora?, ¿las instituciones son abiertas?, ¿no se crean mitos alrededor de la concepción que tenemos?, ¿no funcionan estos mitos como un credo inviolable?, ¿acaso hemos avanzado tanto como para poder decir, sin lugar a dudas, que este es el mejor de los sistemas?, ¿las posibilidades contrarias se muestran como inviables, poco deseables, indeseables, injustas, peores, excéntricas, idealistas, carentes de realidad, imposibles?
Esta es mi línea de pensamiento. Si alguien nunca se ha hecho estas preguntas ya va siendo hora. Si es el caso que sí se han planteado las cuestiones anteriores, entonces es la hora de consensuar respuestas.
Parto de la base de que toda institución es totalitaria. Esto no es casual, y no hay, de principio, mala intención en que sea así. Una institución surge para administrar algo: el chamanismo para administrar las energías de la naturaleza para ayudar a los habitantes de la tribu, la guerra para administrar la defensa, la iglesia para administrar el sentimiento religioso, los ministerios para administrar (en una sociedad como la nuestra) las diversas necesidades de los ciudadanos, la democracia para administrar la libertad de elegir a los gobernantes. El ser humano, entre otras muchas cosas, es un ser institucional desde siempre y para siempre. Por qué esto sea así es lo de menos, no es relevante ahora mismo.
Conforme el ser humano va creando sociedades más complejas necesita más instituciones, y que éstas sean más complejas. Pero también más especializadas.
Sin embargo, una institución, está ahí para algo. El chamán no lo es sólo porque quiera serlo, sino porque tiene unas capacidades y conoce la forma de tratar con las diversas energías y espíritus. El ministro no lo es, o no debería serlo, sólo porque quiera un puesto relevante y con un buen sueldo, sino porque es el más capacitado para ello, y conoce cómo se debe tratar con las demás instituciones, con el pueblo y con otras instituciones similares de otros países.
Todo esto responde a reglas, responde a un protocolo de acción. No querríamos un ministro de sanidad que legislara sobre urbanismo. No querríamos un cura que hablara sobre demografía. No querríamos que un científico nos dijera cómo creer en Dios. No lo queremos por una sencilla razón: no tiene las competencias adecuadas para ello.
Cada institución genera sus reglas, arbitrariamente o no.
Veamos el código de circulación. Todos los conductores deben aprenderlo y respetarlo. Sin embargo, aunque es un código que se acepta convencionalmente, es totalmente arbitrario. Podría haber sido otro y no pasar absolutamente nada.
El problema surge cuando se imponen unas normas que son difíciles de cuestionar o de desobedecer. No vemos ningún problema en aceptar que el código de circulación, al menos su mayor parte, es una estupidez (todos sabemos que un coche puede matar a alguien; que deberíamos no ir a mucha velocidad cerca de un colegio; que la acera es para los peatones; que una bicicleta no tiene sentido en la autovía), pero reconocemos su utilidad. Es una estupidez que nos recuerden y nos impongan algo que es de sentido común. Todos deberíamos saberlo y cumplirlo. Pero ahí está. No es algo tan malo, si se hace es porque hay una cantidad suficiente de personas que prefieren no utilizar el sentido común. Pero ¿estaríamos dispuestos a admitir que el código penal es totalitario, aunque de facto lo es?, ¿estaríamos dispuestos admitir que las normas burocráticas son absurdas?, ¿que nuestra bien asentada concepción de la justicia de Estado es falsa, injusta e irrespetuosa con quien dice defender?
Vosotros no habéis elegido la forma en que se administran vuestros votos, no habéis elegido cómo queréis que sea la enseñanza que recibís, no habéis elegido el trato que os da la policía, no habéis elegido que la clase política pueda legislaros sin teneros en cuenta. Pero aún así lo aceptáis.
Mi posición ahora es clara. El anarquismo que defiendo no es tanto una concepción política radicalizada como una búsqueda de totalitarismos para poder mejorar los sistemas poco a poco hasta que sean lo más respetuosos posibles con la libertad. Mi posición es que si se mejoran todas las instituciones, por fuerza ha de mejorarse la sociedad. Pero sabiendo que nunca se llegará a un respeto total y absoluto por la libertad.
Entiendo una izquierda adulta como eso, como la búsqueda de cosas a mejorar y proponer soluciones, no reivindicaciones (que comparto en su mayoría) que no van a llegar sólo porque sí. Mi proyecto de izquierda es una izquierda crítica, una izquierda que no se esconde tras manidos textos (aunque debe conocerlos), una izquierda madura que no pide imposibles. ¿Es factible este tipo de izquierda?
| January 2012 | ||||||||||
| M | T | W | T | F | S | S | ||||
| 1 | ||||||||||
| 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | ||||
| 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | ||||
| 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | ||||
| 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | ||||
| 30 | 31 | |||||||||
|
||||||||||
Últimos Comentarios