Un hueco donde todos pueden colocar sus joyas literarias si les apetece, para que todos disfruten de ellas, además de otras cosas.
Volvió a soñar.
Emperador o Eta, no se puede controlar lo que se sueña, y raramente nos damos cuenta de cuando estamos sumidos en uno. Y para algunos es una ventaja, pero el Hida que soñaba no tenía suerte aquella noche.
Sus malos recuerdos le asaltaban entre los mismos. En los yermos, pisando suelo muerto, cuando lo único que sabían sus manos era blandir el acero, y cuando lo único que entendía era una idea símple: Su supervivencia era la muerte de otros. Al recordarlo tan bien, el sueño se hacía demasiado real. El filo chocando contra el herrumbroso acero, empalando cuerpos de seres inhumanos, y lacerando la carne de seres antes amigos pero que ahora iban tras él con ojos muertos.
La repetitiva pesadilla empeoraba cuando el deseo de vivir se volvía desesperación por salvar a aquella de quien provenian gritos de pánico, e ignorando sus propias heridas, el Hida se abría paso a golpe de Daisho.
Pero algo le arrancó de su sueño antes de llegar a la peor parte, la voz en desesperación y en agonia de ella se volvió suave y precavida, y en vez de llamarle por su nombre, le decía "Samurai-sama".
-...ma... Samurai-sama, Samurai sama. Mis disculpas Samurai sama.
El Samurai salió progresivamente de su sopor, y vio frente a él a una muchacha embutida en un quimono rosa, arrodillada casi tocando con la frente en el tatami y con una bandeja con comida a su lado.
-Discúlpeme señor, pero Yasuki Hono me solicitó que le despierte para una audiencia antes de partir hacia Ryoko Owari.
Tardó en reconocerla, era una muchacha del servicio del castillo a la que sólo vio en unapar de ocasiones antes de esta. No recordaba su nombre, siempre fue malo para ellos. Miró a la sirvienta de rosa, y después a la comida.
-... Hiciste bien. ¿Cuanto tiempo queda para reunirme con Yasuki Hondo?
-Mi señor le esperará en sus aposentos a la hora del Dragón, para que así pueda desayunar y prepararse debidamente -respondió acercandole la bandeja con un cuenco e arroz, unos trozos de daikon en vinagre y de bardana frita y un cuenco con sopa de miso -Dozo.-
Ella le preguntó si había dormido bien mientras le ofrecía una taza de té de flores de cerezo. Se limitó a responder "bastante bien." Aunque era una Hinin, no le apetecía incomodarla con sus problemas.
-Itadakimasu -contestó él y empezó a comer, mientras pensaba en su destino. Ryoko Owari, la ciudad de las mentiras, pleno territorio de los Escorpión. Seguramente no le recibirían con los brazos abiertos. Y además, el viaje sería bastante largo desde el castillo Yasuki.
Cuando terminó el té y de comer, ella lo recogió todo e hizo otra reverencia. Por formalidad, le devolvió el gesto con un movimiento de cabeza.
-No sé si os dará tiempo mi señor, pero si es vuestro gusto, hay unos baños para los visitantes y escoltas.-
Cuando ella dijo eso, la miró durante un segundo, para despues bajar su vista de nuevo, pensativo. Tenía razón. Puede que hubiese poco tiempo, pero tampoco era excusa para no estar presentable.
-Habrá que darse prisa... Buen té, por cierto. Gochisosama.
Se levantó, y mientras se vestía, la sirvienta iba recogiendo algunas de sus cosas para utilizarlas en el baño. Cuando fue a salir, ella le abrió la puerta y se apartó haciendo otra reverenia más, esperando a que saliese. Más de una vez, el Hida se preguntó si llegaría a entender a los Hemin y los Hinin. Como samurai, su estatus social era superior al de ellos, mientras ellos pasarían seguramente el resto de su vida de sirvientes, mercaderes, campesinos o agricultores.
Se lo preguntaba porque no conocía otra cosa que la vida con una espada en el cinto.
El dormitorio estaba situado en un laterán del castillo, no era el típico barracon de sus guarniciones más duras, sino unos dormitorios individuales reservados para los invitados de menor rango siendo aun así muy cómodos en comparación. Los jardines del interior del castillo eran de arena Zen, se salpicaban de estatuas de los Kami del clan, y árboles de distintos tipos.
Todavía no había mucho movimiento en ese palacio, pero se sorprendió cuando vio a un par de Yojimbos Fenix que según intuía él, venían del lugar al que se dirigía. No sólo se preguntó por qué estaban en el castillo, también si su presencia allí tenía algo que ver con el cometido que le asignaron hace poco.
Y tampoco estaba seguro de que Yasuki Hondo fuese a hablarle de algo bueno. Creía que los detalles del viaje ya fueron aclarados.
Cuando la sirviente y el samurai llegaron al par de minutos, se encontró frente a lo que parecía una pagoda de teca y ebano, pero más cerca se notaba el calor de la caldera que había más abajo. La sirvienta le abrió la puerta y le dejó en una habitación, solo, para poder desnudarse mientras ella lo preparaba todo dentro. Incluso entonces, su cabeza daba vueltas al asunto de la reunión, y quería dejar de pensar al menos en ese momento.
Dejando sus ropas, pasó a otra habitación más pequeña en la que hacía más calor aun. Dentro había varios taburetes de piedra que formaban parte del suelo. La sirvienta pidió que se sentase que enseguida llegaría una de las criadas de los baños.
Al rato de sentarse en uno de los taburetes de piedra, ignorando el calor del mismo y que no llegaba a quemar, pasó una sirvienta. Su belleza no pudo pasarle inadvertida. Llegó incluso a distraerle de sus pensamientos, cosa que agradeció en silencio.
Cerró los ojos, esperando a que empezase con su trabajo, dejando que su cuerpo se acostumbrase al leve sofoco de la habitación.
-¿Desea que me desnude, Samurai-sama?
Hubo un momento de silencio, entonces, el hombre sonrió levemente.
-como te sientas más cómoda -dijo, amáblemente.
Contempló cómo la cara de la sirvienta se unía en una mezcla de sorpresa, vergüenza y alivio. Se ajustó mejor el obi y se acercó con gentileza por su espalda.Notó el tacto de la esponja de lino cuando empezó.
La pregunta le sorprendió aunque no demasiado. Aunque no era algo raro en la mayoría del imperio, la mayoría del clan cangrejo se entrega más a su deber que a los placeres personales. Curiosamente, suplen ese vacío con el estímulo de la sangre ardiendo en una buena batalla.
El resto del mundo los tachaba de bárbaros sin modales, cosa que no era cierta del todo. La vida de los Cangrejo jamás fue un sendero bañado en petalos de cerezo. Sobre ellos recaía la responsabilidad de proteger el imperio y luchar contra las bestias de más allá de la muralla del carpintero. No era un deber alentador, pero un deber al fin y al cabo, y más allá del muro la educación no tiene sentido.
-¿Más fuerte, mi señor? -preguntó la criada mientras continuaba con uno de los hombros.
-Lo haces bien así... continua -respondió, más relajado, dejando que trabajase a su manera.
Cuando terminó con la esponja, le echó poco a poco un cubo con agua mas fria que la temperatura de la habitacion. Dejó el cubo y se acerca a la otra puerta de la habitacion, abriendola y haciendo una reverencia dijo "Mi señor, el baño esta preparado".
Claro estaba, no era de piedra. Una infima parte de su ser, esa que tanto se centró en mantener a raya para poder actuar y pensar con claridad, sintió lástima por no dejar a las cosas seguir otro curso.
*No voy a rebajarme al nivel de otros que piensan sólo en el On de la palabra Honor*.
Pasando a la siguiente habitación, en el centro había una bañera bastante grande, hecha de granito esculpido e incrustada en el suelo.
La muchacha preguntó si quería jade en el baño, mientras sostenía un unguento casi transparente, en el que a simple vista nadaba fino polvo de jade. Él no dudó ni un momento en decir que sí, el jade significaba mucho para los que estaban en ese rincón del imperio, sabía lo que podía llegar a hacer si se usaba bien.
Dejó que ella trabajara, mientras volvia a vaciar su cabeza de pensamientos. Cuando terminó de frotar rodillas, tobillos, hombros y cuello, le invitó amablemente a la bañera, y fue detras de un biombo, arrodillándose para esperar.
Cerró los ojos... Pero había olvidado algo. Vaciando la mente, llegó un buen recuerdo de algo ya perdido. La recordaba a ella. En otros sería raro, pero le encantaba recordarla con una armadura y un die-tsuchi, practicando en el dojo donde los dos os adiestrásteis. En su cara se formó una tenue sonrisa, fue una mujer muy hermosa, fue una compañera ideal.
Fue...
Fffffffff -de repente, el ruido de apertura de una de las puertas le sacó de su ensoñación, y al abrirse, entró un hombrecillo de como mucho 1,65, pelo moreno invadido abundantemente por las canas. El hombrecillo no se percató de que estaba ahí hasta que el Hida se sobresaltó.
-Vaya, parece que esta mañana me he levantado mas tarde de lo que es mi costumbre. Perdona que le haya sobresaltado muchacho, ¿te importa que te acompañe un rato?.- Lo sorprendente fue que en ningun momento hizo ademan de ofenderle o temerle.
Intentó reconocerlo, si él estaba en el castillo y utilizaba los baños para invitados, puede que fuese alguien importante y ni se daba cuenta... pero quizá ese vapor le desconcentraba o estaba aun distraido.
Se limitó a asentir.
-Por supuesto... Ohaiyo -dijo con respeto, invitándole a pasar.
En respuesta el anciano hizo un gesto mientras saludaba al Hida, pero el gesto no era para él, sino para la sirvienta que le atendió. Ella se levantó apresuradamente, y quedándose en su sitio ante el gesto del hombre, lo que en el fondo inquietó un poco al Hida.
-Bueno, bueno bueno, parece que no soy el unico que tiene negocios -le dijo mientras le miraba y se iba metiendo en la bañera, mojando un paño y frotandoselo por la cara.
Tanta amabilidad viniendo de un anciano, queriendo iniciar una conversación con un extraño... quizá sea sólo cosa de la edad o que realmente quiere ser amable... o que quiere alguna información.
*Mejor curarse en salud. Tampoco sirve de nada pensar de forma paranoica*.
-Todos tenemos negocios en mayor o menor grado -respondió, pasando algo de agua por su nuca, pero habló con respeto, no sólo porque no conocía su posición o clan, la edad merecía ser respetada, no muchos llegaban a ella tan al sur-, ¿es eso lo que le trae al castillo Yasuki, señor?
-Eeer, si, si, si.
El Hida notó en él un ligero deje de sorpresa y despues una sonrisa de satisfaccion y a la vez de curiosidad. El anciano se sumergió un poco bajo el agua y cuando volvió a salir, se secó la cara.
-Vaya, parece que viene de Kaiu Kabe, ¿no?. ¿Te gusta viajar?.- suspiró ligeramente. -Hace ya mas de un mes que no paso por la muralla del carpintero
-Ehm, sí, señor, vengo de...
"Hace ya mas de un mes que no paso por la muralla del carpintero"... Durante un segundo esa frase retumbó en tu cabeza cuando se imaginó al viejo con un sombrero, subido en un carro tirado por dos bueyes. Una luz se encendió en su cabeza. El hombrecillo era Yasuki Taka, daimyo de la familia Yasuki. Había oido historias de su caracter y de su manera de comportarse, eso explicaba su comportamiento y porque no le tomó como a un superior en ningun momento. No lo era en absoluto. Sus ojos se abrieron como platos unos segundos. Era evidente que el lugar, las circunstancias y su apariencia indicaban que no podía ser alguien precisamente de clase baja, ¿pero él?
"Podría estar en el mejor baño del castillo si lo quisiera. De hecho ESTE es su castillo... ¿y viene aquí?"
-... Ahora le reconozco... señor -y se inclinó improvisadamente, como puedo debido a que estaba en la bañera, mostrando sus respetos -No... no me imaginé que le encontraría aquí, Yasuki-sama... si dije algo que le ha ofendido...
-... "Kani no Hida Takeda desú", Yasuki-sama. Es un honor conocerle.
Tras escucharle, el daimyo Taka dió una risotada tan digna de su clan como la de cualquier Taisho de Kaiu Kabe. Es evidente que sus palabras han despertado en el parte risa y parte curiosidad.
-Jua, jua, jua. Vaya, vaya, que interesante, un Hida con modales y gusto por el protocolo. Muy interesante.
De pronto se abrió la puerta por la que entró Taka-sama y una sirvienta se asomó con una reverencia golpeando el suelo con la frente.
-Gomennasai Yasuki Taka-donno. Yasuki Hondo-donno esta fuera y le recuerda que a la hora del Dragon tiene una audiencia con el samurai Hida Takeda-sama.
-Vaya, vaya. Dile a Hondo que pase y se relaje un poco, que no vamos a llegar tarde a la audiencia.- dijo Taka-sama con una sonrisa, mirandote con los ojos abiertos y una mueca malevola.
La sirvienta se inclinó otra vez y antes de que esperasen se escuchó un grito poco disimulado que evidentemente venia de la habitacion que mas o menos se situaba donde te desvistió Takeda. -¡¡¡Comoooooo!!!, ¿¿¿Que ha dicho queeeeeeeeeee???